El fascinante amor de la reina por los corgis: un vínculo real que duró más de 70 años
Descubra el increíble amor de la reina por los corgis. Un vínculo inquebrantable que marcó su reinado y popularizó la raza en el mundo.
El fascinante amor de la reina por los corgis: un vínculo real que duró más de 70 años
El amor de la reina por los corgis es una de las historias más entrañables y conocidas de la monarquía británica. Más allá de su papel como jefa de estado, la Reina Isabel II demostró un vínculo inquebrantable con estos adorables perros de raza Corgi Galés de Pembroke, convirtiéndolos en un símbolo de su reinado y en compañeros inseparables durante más de siete décadas. Este artículo explorará la profunda conexión.
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El legado de Susan: la primera dama corgi
El amor de la reina por los corgis se inició en 1933, cuando su padre, el entonces duque de York, adquirió Dookie, el primer Corgi de la familia. Sin embargo, el verdadero vínculo se forjó en su 18º cumpleaños, cuando la futura reina recibió a Susan, una Corgi que se convertiría en la fundadora de una dinastía real canina.
De Susan descendieron la mayoría de los más de 30 corgis que la reina tuvo a lo largo de su vida, incluyendo a Willow y Holly, los últimos de su linaje directo. Se dice que la reina siempre se negó a vender a los descendientes de Susan o a regalarlos, manteniéndolos como parte de su familia real.
Este apego personal, documentado en numerosas fotografías y anécdotas, demostró que para la reina, sus mascotas eran mucho más que simples animales; eran miembros de su círculo más íntimo y leales compañeros en cada etapa de su vida.
La devoción de la reina por sus corgis
La reina no solo amaba a sus corgis, sino que también era una cuidadora dedicada. Se encargaba personalmente de alimentarlos, pasearlos y, en ocasiones, incluso de asearlos. En una entrevista con la revista Vanity Fair, el experto real Penny Junor afirmó que la reina era una persona muy práctica cuando se trataba de sus perros.
“Ella misma los alimentaba. No se lo dejaba a nadie más”, aseguró Junor. Esta dedicación se mantuvo hasta sus últimos años, lo que resalta la profunda conexión personal que tenía con cada uno de ellos. Incluso durante los eventos oficiales, era común ver a uno de sus corgis siguiéndola de cerca.
Este hecho no solo humanizó la figura de la monarca, sino que también dejó claro que su afecto por estos animales era una parte genuina de su personalidad. El amor de la reina por los corgis se convirtió en un sello distintivo de su reinado, visible en innumerables ocasiones y a través de los años.

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Un vínculo híbrido: los dorgis de la reina
Además de su amor por los corgis puros, la reina también tuvo una relación especial con una raza híbrida que ella misma ayudó a crear accidentalmente. Se trata de los Dorgis, un cruce entre un Corgi y un perro salchicha (Dachshund).
La historia detrás de esta peculiar raza se remonta a 1971, cuando la perra de la princesa Margarita, Pipkin, se cruzó con un Corgi de la reina. El resultado fue una camada de perros que combinaban las características de ambas razas. La reina se encariñó tanto con ellos que los siguió criando, demostrando su afán por experimentar y su cariño por todos sus perros.
Los Dorgis, al igual que los Corgis, se convirtieron en parte de la familia real, acompañando a la monarca en sus residencias de Balmoral y Sandringham. Este capítulo en la historia de los perros de la reina resalta su espíritu aventurero y su capacidad para encontrar el afecto en todas las formas de vida animal.
El amor de la reina por los corgis y por sus híbridos demostró que su devoción no conocía límites, cimentando su imagen como una verdadera amante de los animales.
La popularidad mundial de la raza
La innegable devoción de la reina por sus Corgis tuvo un impacto global. La popularidad de la raza aumentó significativamente en países como Estados Unidos y el Reino Unido gracias a la exposición mediática que los perros reales recibieron.
En los años 80, la raza alcanzó su punto máximo de popularidad, coincidiendo con el auge de la figura pública de la reina. De acuerdo con The Kennel Club, la asociación canina más grande del Reino Unido, el número de registros de Corgis se disparó en las décadas de 1960 y 1970, lo que refleja la influencia de la monarca en las tendencias de mascotas.
Después de una breve caída, la raza experimentó un nuevo resurgimiento en 2018, cuando los Corgis se salieron de la lista de razas “vulnerables” en el Reino Unido, impulsados en parte por la popularidad de la serie de Netflix ‘The Crown’ y el renovado interés en la monarquía británica.
Este fenómeno demuestra cómo el amor de la reina por los corgis no solo fue una cuestión personal, sino que se convirtió en un motor de popularidad para la raza en todo el mundo, un legado que perdurará por muchos años.

La reina y sus mascotas: un legado de amor incondicional
El amor de la reina por los corgis no fue solo una anécdota, sino una parte fundamental de su identidad y un reflejo de su carácter. A lo largo de su reinado, estos perros fueron sus fieles compañeros, proporcionándole un respiro de las exigencias del deber real. La reina Isabel II dejó un legado duradero no solo en la historia de la monarquía, sino también en la forma en que el mundo ve a los corgis.
Su devoción por estos animales la humanizó, la hizo más cercana a la gente común y demostró que incluso un monarca puede encontrar consuelo y alegría en la compañía de un amigo de cuatro patas. Los corgis de la reina no solo fueron sus mascotas, sino embajadores no oficiales que llevaron su amor por los animales a una audiencia global.
Este vínculo inquebrantable, que duró más de 70 años, es un testimonio del poder del amor y la lealtad que se puede encontrar en un compañero canino, un amor que la reina supo apreciar y compartir con el mundo.
Un último descanso: los corgis después de la reina
Tras el fallecimiento de la reina Isabel II en septiembre de 2022, sus últimos corgis, Muick y Sandy, pasaron a ser cuidados por el Príncipe Andrés y su exesposa Sarah Ferguson. Este gesto simboliza el compromiso de la familia real con la continuidad del legado de la reina y el bienestar de sus amados perros.
A diferencia de las historias de otros monarcas que se deshicieron de sus mascotas, la familia real británica se aseguró de que los corgis tuvieran un hogar amoroso después de la partida de su dueña. Este acto final de amor por sus mascotas refuerza la imagen de la reina como una verdadera amante de los animales.
El amor de la reina por los corgis y el cuidado que se les brindó incluso después de su muerte, demuestran que su legado animal perdurará a través de las generaciones de la familia real. La historia de la reina y sus perros es un recordatorio de que, incluso en la cima del poder, el amor por un animal puede ser una de las conexiones más fuertes y puras.
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